La Virgen

Nuestra Señora del Pueyo

La historia de este Santuario inicia con una aparición de la Santísima Virgen en este monte.

La aparición de la Virgen se data en el año 1101, un año después que el rey Pedro I conquistara la ciudad que por siglos había estado en poder de los sarracenos, desde el año 711.

Un pastor, llamado Balandrán, natural de Morilla de Ilche, estaba apacentando un pequeño rebaño en el Pueyo. De repente llamaron la atención del pastorcillo unos resplandores que emergían de entre las ramas de un almendro. Allí estaba Ella, la Reina de los cielos, que le cegaba y le abría los ojos con su resplandor. Y le transmitía un mensaje, que él, Balandrán, tenía que transmitir al Concejo y a la Ciudad entera de Barbastro. Ella, la Virgen, se lo ordenaba. Y él, Balandrán, no podía negarse. El cielo había hablado.

Pronto, según el deseo de la Virgen se levantó una capilla en la cumbre del montecillo, al lado mismo de donde se hallaba el almendro de la aparición, santificado por la presencia de la Virgen. Acababa de nacer el Santuario de El Pueyo.

 

apostolado específico de nuestro Santuario y Monasterio.

Las romerías a la Virgen del Pueyo

Queremos contarles brevemente sobre las Romerías[1]a la Virgen y el mes de Mayo, pues es la actividad y apostolado específico de nuestro Santuario y Monasterio.

La devoción y culto a la Madre de Dios en este monte del Pueyo de Barbastro, comenzó allá por el año 1101, poco después de la reconquista de estas tierras españolas a los moros, con motivo de la aparición de la Virgen al pastor San Balandrán[2]. En esa circunstancia la Santísima Virgen le pidió al humilde pastor que le construyera un templo en la cumbre del monte, donde se le rindiera culto y desde donde bendeciría a toda la Comarca. En ese año fue la 1ª Romería, encabezada por el mismo pastor San Balandrán, y junto a él todo el pueblo de Barbastro.

Años más tarde, en 1890, vendrían los monjes benedictinos, quienes restauraron el templo, propagaron grandemente la devoción a la Virgen por todos los pueblos de los alrededores y construyeron el imponente monasterio que hoy es atracción de incontables viajeros y peregrinos que lo visitan.

Actualmente son alrededor de 15 localidades o pueblos del Somontano que mantienen la tradición de subir a nuestro Santuario y Monasterio del Pueyo, en Romería. Esta hermosa tradición viene desde el siglo XVI, época en que eran cerca de 50 los pueblos que peregrinaban a pie, desde muchos kilómetros algunos (hasta 50 o 60 km), una vez al año, en el mes de María, que coincide normalmente con el tiempo Pascual. Suben todos (jóvenes, niños y adultos, acompañados por el cura del pueblo y el alcalde con su consejo), rezando el Rosario y al compás de las marchas e himnos en honor de nuestra Madre y Patrona. Al llegar a los pies de la escalera santa que da acceso al Santuario (construido en la roca más elevada del monte), los romeros son recibidos por el capellán del Santuario. Allí se realiza el tradicional beso e incensación de cruces (la del Santuario y del pueblo que peregrina), y luego de unas palabras de bienvenida se suben las gradas de la escalinata, hasta llegar a la Iglesia donde tiene lugar la Santa Misa Solemne en honor de la Madre de Dios.

Aunque cada pueblo conserva su tradición en el modo de participar en la Romería, y hay algunas variantes, por lo general, luego de la Santa Misa, se quedan a comer en la hospedería del Monasterio, y por la tarde tienen el 2º Rosario, dirigido por los monjes en el mismo Santuario. Allí hacen nuevamente cantos a la Virgen, algunos muy antiguos y con letras muy bellas, donde le expresan todo el cariño, necesidades y motivo de la visita y Romería. Al final mientras se canta la Salve en latín (que por cierto la saben todos los pueblos), suben al camarín de la Virgen a darle un beso y despedirse hasta el próximo año.

Un detalle muy significativo es que con motivo de ser el mes de María, de Mayo, de las flores…durante las Romerías, la Iglesia y altar de la Virgen se colman de flores y adornos, unos más bellos que otros.

Para nosotros es ciertamente la actividad más importante del año. Un mes muy intenso de trabajo, y a la vez, una oportunidad única y providencial para llegar a casi todos los habitantes de los pueblos y ciudades de los alrededores. Muchos de ellos al menos una vez al año escucharán un sermón, tendrán la posibilidad de confesarse y comulgar, y de pasar un día santo en la casa de la Virgen.

 


[1] Peregrinaciones.

[2] San Balandrán era pastor de ovejas, pero luego de la aparición de la Virgen, construye una ermita, se ordena sacerdote y va a ser el 1º capellán del incipiente Santuario de la Virgen del Pueyo.

(se cantan desde 1864, y los mártires los cantaban o rezaban todos los días

Himno a Nuestra Señora del Pueyo

De Balandrán atraída

por la ferviente oración,

al Pueyo sin dilación

de gloria bajáis vestida:

un concierto angelical

os anuncia Reina amada,

Sed siempre, etc.

 

Desde un almendro florido

hablas tierna al pastorzuelo,

que los favores del cielo,

aunque tosco, ha conocido.

Tu presencia divinal,

tiene su alma extasiada,

 

 

Vé, dice, a la ciudad,

comunica al pueblo y clero

que en este lugar espero.

Parte ya de mi heredad:

y aquel vuela a tu señal

humilde con su embajada,

 

 

Vuelto a Vos mal despachado

por faltarle documento,

acredita el gran portento

con otro más declarado;

pues le dáis por credencial

Su mano a la faz pegada,

 

 

Movida entonces la gente,

llena sube de alegría

a visitaros, María,

en precesión reverente;

y con cariño filial

os dedica esta morada,

 

Ungido de sacerdote

se encarga de la capilla,

de virtudes maravilla,

Balandrán, sin otro dote:

tu devoción virginal

deja, a su muerte, asentada,

 

Como el Carmelo y Sarón

famoso el Pueyo doquiera,

del monte y de la ribera

acuden en rogación:

vuestra imagen celestial

por todos es venerada,

 

Mil maravillas la fama

publica de tus bondades,

pues sanáis enfermedades,

que el arte incurables llama:

de salud sois mineral

sin duda, Reina adorada,

 

Los ciegos, cojos, tullidos

llegados a tu presencia,

imploran de tu clemencia

remedio a su mal, rendidos:

y vos, Madre universal,

su pena dejáis templada,

 

De gracias y de perdones

los Papas tu imagen llenan;

tus glorias doquier resuenan

con fiestas y procesiones:

y en tu hermosa Colegial

se vé la España agrupada,

 

 

De gracias y de perdones

los Papas tu imagen llenan;

tus glorias doquier resuenan

con fiestas y procesiones:

y en tu hermosa Colegial

se vé la España agrupada,

 

Sus fincas y sus riquezas

en vuestro obsequio cedidas,

las gentes agradecidas

presentan a tus finezas:

os sirven de pedestal

oro y plata cincelada,

 

En días tempestuosos

para tu casa ¡oh María!

se unieron como a porfía

los barbastrenses piadosos;

de su ruina total

queda hoy día asegurada,

 

Rosa sois de Jericó

sobre ese risco escarpado

con el pimpollo agraciado

que un tiempo de ti brotó:

por tu fragancia especial

esta tierra es envidiada,

 

Salve, pues, del Redentor

Madre augusta y Reina nuestra,

Salve, celestial Maestra

DEL PUEYO gala y honor:

Salve, estrella matinal,

Salve, flor del campo amada…

Invocaciones para todos los días de la novena a Nuestra Señora del Pueyo

Novena a Nuestra Señora del Pueyo

Señora del Pueyo, escoltada por la paz de los olivos aclamada por la gloria de los almendros en flor, siempre cantada por el órgano del viento, concédenos la gracia de vivir continuamente en tu alabanza.

Dios te salve María…

Castillo reconquistado para la Fe, bodega olorosa de historia y de leyenda, hogar de los mejores recuerdos de nuestras vidas, confórtanos todos los días con la ternura de tu Corazón.

Dios te salve María…

Montaña de Dios, coronada por la crestería blanca de los pirineos, aupada sobre el alma abierta de estas llanuras del Alto Aragón, poyo a las puertas mismas de la Gloria: afiánzanos en Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Dios te salve María…

Misa de Nuestra Señora del Pueyo

Misalito con los textos litúrgicos para celebrar la Misa de Nuestra Señora del Pueyo.